jueves, 22 de mayo de 2008

Comentario sobre "El Castillo de la Pureza", Octavio Paz, 1a, parte.

 

Reporte crítico de “El castillo de la pureza”, Octavio Paz.

 

 

“Me he forzado a mí mismo en cotradecirme, para evitar conformarme con mi propio gusto.”.

 

MARCEL DUCHAMP

 

 

 

La obra de Duchamp es, más que pintura, un método de investigación.  La pintura como un psicoanálisis.  No se interesa en otra hermosura que no sea la de la indiferencia.  Una belleza libre de la noción de belleza. 

Repudió completamente lo que llamó arte retinal, y adoptó los métodos geométricos del diseño industrial.

Sus obras son relaciones, en el sentido físico, en el sexual y en el lingüístico.  Parte de su análisis consistía en tejer una red de juegos de palabras y permitía que su cerebro se dejara influenciar por el lenguaje, por las palabras, por los símbolos, por su significado y por sus conexiones:

“Sentí que como pintor, era mejor sufrir la influencia de un escritor que la de otro pintor”.

Utilizaba el método literario de Roussel, en la pintura: enfrentar dos palabras de sonido semejante pero de sentido diferente y encontrar entre ellas un puente verbal.  Un juego, que además de verbal, se vuelve plástico y que contiene crítica e ironía, en el que las antiguas nociones de materia sólida y razón clara y distinta desaparecen en beneficio de la indeterminación.  El resultado es la desorientación.

Sus piezas obedecen cada una, a sus propias reglas; son escritura, textos que debemos descifrar. Su interés no es plástico, sino critico.

El arte es un estado de cosas y Duchamp lo pone de manifiesto haciendo pasar objetos sin ninguna modificación, del estado de objetos usuales, al de “antiobras de arte”.  Y después, no Duchamp, sino el tiempo o el devenir, los hacen pasar de ese estado de a-arte, al de arte.  ¡Qué ironía!  Una ironía de la ironía.  La obra de Duchamp no ha terminado de burlarse,  sigue y sigue; ha desencadenado algo que ya no se puede parar.  El arte después de él, para bien o para mal, jamás podrá ser como antes.

 

DULCE MARIA RIVAS GODOY

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