martes, 3 de febrero de 2009

Comentarios a tres apartados de "Round de Sombra" de Abraham Cruzvillegas

 

Comentarios a tres apartados de “Round de Sombra”, de Abraham Cruzvillegas.

 

 

¿Un postmodernismo en México?

“Modernismo" y "posmodernismo" se usan para referirse a una corriente estética que emergió primeramente en la literatura, en las artes plásticas y luego en la arquitectura.

 

El término modernidad se refiere a una época histórica, que la mayoría de los autores sitúa entre el inicio de la Revolución Industrial (fines del siglo XVIII) y la época presente. Otros autores, como Marshall Berman (Todo lo sólido se desvanece en el aire), establece que la modernidad comienza en el Renacimiento, para él, es allí donde se gesta el primer hombre moderno. El debate de la "modernidad", (qué es, como afrontarla, cómo nos define existencialmente, la crítica al paradigma de vida propuesto por la modernidad... ) es uno de los más interesantes en los campos de las ciencias sociales y la filosofía actual.


El modernismo se refiere a "proyectos culturales", movimientos artísticos e intelectuales que tuvieron lugar durante el siglo XX. El modernismo en Arquitectura, en particular, fue gestado en Europa durante las primeras décadas del siglo XX, y sus principales promotores fueron destacados arquitectos tales como Adolf Loos, Le Corbusier, Mies van der Rohe. Luego, el modernismo se manifestó hasta bien entrados los setentas, cuando el fracaso del ideal positivista de los arquitectos "modernos" devino en crisis conceptual. En algunos casos mutó, o bien fue reemplazado, por una diversidad de tendencias como el posmodernismo, que nunca alcanzaron el mismo auge que el movimiento moderno; y que ha desembocado en la actual carencia de una dirección clara en las artes, aunque esta direccionalidad bien podría no ser necesaria.


La modernización, por su parte, se refiere a los procesos socioeconómicos de industrialización y tecnificación.

 

En su texto, Cruzvillegas habla del neomexicanismo equiparándolo y vinculándolo a expresiones posmodernas que duraron poco y cita a Olivier Debroise:  “En el campo del arte, en México, el posmodernismo […] aparece a mediados de los años ochenta como una variante de la modernidad […]”

 

Teóricamente, el posmodernismo se refiere a una actitud frente a la modernidad y lo moderno; por lo tanto sería contradictorio calificarlo como  “una variante de la modernidad”. De igual manera, me parece audaz la idea de pensar en un posmodernismo en México, donde ni siquiera se ha vivido la modernidad.

 

.La modernidad es también el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional.

 

Ante estos conceptos, me asalta la duda y me planteo una pregunta: ¿Podrán estas definiciones ser aplicables en el México de los siglos XVI al XVIII, del siglo XIX, o aún del siglo XX?

 

Dice Marshall Berman que la más atractiva cualidad que tiene el postmodernismo, es el escepticismo hacia todo; y que es algo que todos deberíamos hacer siempre: aplicar el auto-escrutinio y ser auto-críticos. Seamos escépticos:  ¿Cómo es que podríamos estar, como dice Berman, en el centro de una época moderna que perdió contacto con las raíces de su propia modernidad, cuando en México han pasado cosas muy distintas a lo que se describe como Modernidad?

 

Cuando Rousseau, arquetípica voz moderna de la primera fase de la modernidad, anterior a las revoluciones francesa y estadounidense proponía la libertad como principio que el estado debe preservar, en la Nueva España había actividad inquisitorial, casos de persecusión, y la Corona hizo a la Iglesia otra rama del gobierno.  Entre los siglos XVI y XVII se hizo una constante la llegada de esclavos negros a América; en la concepción social de la época poseerlos era un sinónimo de prestigio.  Cuando en Europa del siglo XIX la gente rcuerda con nostalgia cómo es la vida espiritual y material en un mundo que no es moderno, en México, Miguel Hidalgo está dando el Grito de Dolores.  El modernismo responde  a la industrialización de la sociedad, cosa que en México no estaba ocurriendo, y mientras el modernismo se ostenta como la clave para salir del atraso cultural, la marginación del mundo neocolonial latinoamericano, al menos, si no en la práctica, en la solución imaginaria que propone el arte, en México la burguesía quiere del artista un arte que corteje y adule su gusto mediocre.  Cuando según Berman el proceso de modernización se expande para abarcar todo el mundo, en México, con el arranque del siglo XX se dan apenas las primeras muestras de descontento que desembocan en una Revolución desfasada más de un siglo en el tiempo, con relación al resto del mundo.

 

En México no se ha vivido una época en la que haya prevalecido la voluntad de “heroificar” el presente, que es como Michel Foucault define el Modernismo.  Sin embargo,  tal vez podría aceptar que estemos iniciando apenas el proceso de modernización, ya que hasta ahora nos damos cuenta de que la Revolución no ha servido de mucho; y que, lejos de resolver nuestros problemas, en nuestros días, como dice Marx, “todo parece estar impregnado de su contrario”.

 

La visión afirmativa del modernismo la desarrolló, en la década de los sesenta, un grupo heterogéneo de escritores incluyendo a John Cage, Marshall McLuhan y Susan Sontag coincidiendo con el surgimiento del arte pop y la idea de “despertar a la vida que estamos viviendo”.  Por lo tanto, había que romper con las barreras entre el arte y otras actividades humanas como el entretenimiento y la tecnología industrial, la moda, el diseño y la política.

 

El ideal de algunos que se autodenominan “posmodernistas” era abrirse a la inmensa variedad y riqueza de las cosas y las ideas que trajo consigo el mundo moderno.  Ellos llegaron a refrescar un ambiente cultural que en los años cincuenta se había vuelto rígido, cerrado y aburrido.  Pero es hasta los 80´s cuando en México surge el neomexicanismo, que  tuvo auge y ganó notoriedad, debido a la ironía juguetona de la iconografía mexicana nacionalista.

 

Y es que en México, pareciera que vamos siempre a contratiempo, haciendo de todo, pero…a toro pasado.

 

Ruinas alternativas

La crítica y la ironía desplegada por los artistas jóvenes en Espacios Alternativos, provocó el enojo de grupos radicales al grado de que, debido a su intolerancia y poca o nula apertura (actitud muy poco posmoderna), se cancela una exhibición en un museo y se remueve de su puesto a al director, cancelando finalmente el Salón de Espacios Alternativos. 

Quedaron las ruinas, como acertadamente habían vislumbrado un colectivo de artistas con su pieza Apuntalamiento para nuestras ruinas modernas (1987)…y el Estado se apartó de este tipo de actividades. 

 

Actitudes tales, a mi parecer, no son ni modernas ni posmodernas.

 

El que se mueve no sale

Aunque siguiera en discussion el tema del posmodernismo, lo que sí es muy posmoderno es la actitud de apertura a múltiples posibilidades que asumieron, no las instituciones, sino un grupo de artistas inquietos y propositivos abiertos a la experimentación y a la libre expresión, criticando, promoviendo, investigando, aprendiendo y divirtiéndose. 

 

Marx, Nietzsche y sus contemporáneos Baudelaire y Dostoievsky experimentaron la modernidad como un todo en un momento en el que sólo una pequeña parte del mundo era verdaderamente moderna.  Al día de hoy, más de un siglo después, los procesos de modernización tal vez nos hayan alcanzado ya a todos.  Es momento de entrar en contacto con la cultura modernista del pasado y comprender su fuerza.  Retroceder, sería una manera de ir hacia adelante e inventar el modernismo del siglo XXI, y como dice Octavio Paz:  “nuestros incrédulos ojos podrían estar ante el despertar y el retorno a nuestro abyecto mundo de esa realidad corpórea y espiritual que llamamos la presencia del ser amado.  Entonces el amor dejará de ser la experiencia aislada de un individuo o una pareja, una excepción o un escándalo.  La palabra presencia y la palabra amor han aparecido en estas reflexiones por primera y última vez.  Ellas fueron la semilla de Occidente, el orígen de nuestro arte y nuestra poesía.  En ellas está el secreto de nuestra resurrección.”

Peyote y la Compañia

Noviembre 11, 2008

Dulce María Rivas Godoy

 

 

 

Peyote y la Compañía

 

El arte puede no ser solemne, pero definitivamente, a pesar de que se diga que es una actividad propia del ser humano como cualquier otra, el arte , por alguna misteriosa razón, se distingue de todo lo demás.

“Peyote y la Compañía”  insistía en revelarse ante la solemnidad conferida al arte, sin pensar que tal vez en ese intento, su propia actitud se volvía solemne, distinta, especial.

Los momentos vivenciales y las actividades diarias de sus integrantes son las que cobraron importancia, y las convirtieron en arte.  Para tomar una postura así, se requiere un actitud especial, un estilo de vida, una condición mental.  Creyeron acertadamente que el trabajo colectivo enriquecía y fomentaba las ideas y bajo esas premisas trabajabaron; y eso no es otra cosa, sino un compromiso solemne, con ellos mismos y con el grupo.

Para realizar cualquier proyecto y pretender que sea trascendente, como lo hacían ellos, se requiere cierto grado de solemnidad, de seriedad y compromiso. 

¿Qué más compromiso que analizar y tomar decisiones como miembros de una sociedad, sujetos a una política cultural?  Hacer cine independiente, buscar condiciones alternativas no es tan fácil: exposiciones ambulantes, fotografías en la calle, resolver asuntos como la producción, realización, distribución y consumo de la obra, son actitudes solemnes de cara al arte.  Son actitudes de respeto a lo que se hace, aunque la manera en que se aborde no lo sea tanto.

La solemnidad está caracterizada por una profunda sinceridad.  Por eso ellos no hablaban de una realidad inventada o imaginada, sino vivida, analizada y sintetizada para presentarla como un elemento plástico.

Tal vez cometieron un error:  creyeron que el arte podía lograr la unificación humana, que sería parte indispensable de la vida común sin importar la división de clases.  Rechazaron la “solemnidad” de su concepto y sin querer, le atribuyeron al arte un poder que tal vez no tiene…..

Peyote y la Compañ

Noviembre 11, 2008

Dulce María Rivas Godoy

 

 

 

Peyote y la Compañía

 

El arte puede no ser solemne, pero definitivamente, a pesar de que se diga que es una actividad propia del ser humano como cualquier otra, el arte , por alguna misteriosa razón, se distingue de todo lo demás.

“Peyote y la Compañía”  insistía en revelarse ante la solemnidad conferida al arte, sin pensar que tal vez en ese intento, su propia actitud se volvía solemne, distinta, especial.

Los momentos vivenciales y las actividades diarias de sus integrantes son las que cobraron importancia, y las convirtieron en arte.  Para tomar una postura así, se requiere un actitud especial, un estilo de vida, una condición mental.  Creyeron acertadamente que el trabajo colectivo enriquecía y fomentaba las ideas y bajo esas premisas trabajabaron; y eso no es otra cosa, sino un compromiso solemne, con ellos mismos y con el grupo.

Para realizar cualquier proyecto y pretender que sea trascendente, como lo hacían ellos, se requiere cierto grado de solemnidad, de seriedad y compromiso. 

¿Qué más compromiso que analizar y tomar decisiones como miembros de una sociedad, sujetos a una política cultural?  Hacer cine independiente, buscar condiciones alternativas no es tan fácil: exposiciones ambulantes, fotografías en la calle, resolver asuntos como la producción, realización, distribución y consumo de la obra, son actitudes solemnes de cara al arte.  Son actitudes de respeto a lo que se hace, aunque la manera en que se aborde no lo sea tanto.

La solemnidad está caracterizada por una profunda sinceridad.  Por eso ellos no hablaban de una realidad inventada o imaginada, sino vivida, analizada y sintetizada para presentarla como un elemento plástico.

Tal vez cometieron un error:  creyeron que el arte podía lograr la unificación humana, que sería parte indispensable de la vida común sin importar la división de clases.  Rechazaron la “solemnidad” de su concepto y sin querer, le atribuyeron al arte un poder que tal vez no tiene…..

¿Quién diablos es Melquiades Herrera?

¿Quién diablos es Melquiades Herrera?

 

Habiendo oído poco sobre este personaje, y después de haber leído el artículo sobre él en Round de sombra, me entero de que el maestro Melquiades Herrera Becerril era parte del paisaje.  Raro para muchos, loco para otros, pero para quienes tenían que ver con el arte, fue sin duda alguien que dejó huellas indelebles que seguramente influenciaron su quehacer artístico. 

 

Melquiades Herrera daba clases de geometría y diseño en San Carlos, pero al parecer, sus mayores enseñanzas provenían de su comportamiento de todos los días, de su actitud ante la vida, de su ironía y desenfado, de su audacia, atrevimiento y deshinibición, de su excentricidad…de su locura.  Locura que no era otra cosa sino una manera diferente de enfrentar la realidad, o de soportar la realidad, que tal vez, siendo de otra manera le hubiera parecido insoportable.

 

Era un artista de lo cotidiano, que en tiempos del performance, hizo de cada momento de su vida una acción que tenía que ver con conceptos filosóficos, sociológicos y estéticos.  El lenguaje de sus acciones y su aproximación a todo tipo de objetos adquiridos o encontrados, obedecía a sus propias normas basadas sobre todo en la crítica jocosa.

 

Personas como esta, nos hacen pensar que el arte es un lenguaje alterno, o justamente como la cantina que le gustaba visitar:  un mundo en otro “Nivel”.

GABRIEL OROZCO, un problema de tiempo

GABRIEL OROZCO

Un problema de tiempo

 

A pesar de la opinión de muchos, muy poco se puede agregar a lo que Gabriel Orozco dice cuando habla de arte, y en especial de su obra.  Casi nunca habla primero.  Sus intervenciones son después de que es interpelado.  Espera siempre a escuchar lo que otros tienen que decir y después ….declara lo que nadie había esperado.  Sorprende con la claridad de sus respuestas, producto de su brillante inteligencia.  Su obra es un reflejo de sus procesos mentales, tan poética la una como los otros.  Del mismo modo, su gran facilidad para estructurar conceptos y establecer relaciones, queda evidenciada en su trabajo.

Sería difícil encontrar a alguien que no entendiera la obra de Orozco; podrán cuestionarla, criticarla (por lo simple que es), pero decir que no se entiende, no…por lo simple que es.  Tal vez lo que muchos podrían preguntarse sería: ¿cómo algo tan simple puede pretender ser arte?

Y es que las técnicas que utiliza no son ni la pintura, ni la escultura; es más, ni la fotografía.  Su materia prima es intangible, casi metafísica. Tal vez la respuesta a esa simple pregunta sobre lo simple,  sea que en la creación de sus piezas, echa mano de cosas al parecer muy simples, de las que todos los seres humanos tenemos noción:  la memoria, el olvido y el tiempo.  Estos tres elementos juntos, manipulados por él, dan como resultado – al menos para mí – experiencias que rayan en lo sublime. 

Comentario a propósito de "Fotografías Obscenas" de Mapplethorpe

  • ¿Qué es una obra de arte?

 

  • ¿Debiera el arte ajustarse a las limitaciones de la moralidad?

 

  • ¿Puede el arte hacer mejores o peores individuos?

 

  • …..un comentario a propósito de “Fotografías Obscenas” de Mapplethorpe.

 

  •  

 

La creencia de que el arte puede hacer mejor a la gente se remonta a la época clásica.  Aristóteles pensaba que la música era formadora de carácter y que debería ser introducida en la educación de los jóvenes.  Pensaba que al escuchar música `nuestras almas sufrirían un cambio´ y haría brotar las `cualidades morales´.  Sin embargo, debía ser el tipo correcto de música.  La música incorrecta, especialmente la de flauta, a la que Aristóteles consideraba `demasiado excitante´ está dirigida a trabajadores, esclavos y niños, y su influencia es `vulgarizante´.

 

Platón, por supuesto, pensaba que las artes hacían peores a las personas. A diferencia de la razón y la ciencia, pensaba que las artes están `muy alejadas de la verdad´ y que no tienen `una causa o dirección saludable´.  Cuando mucho, son `solamente un tipo de deporte o juego´ que incitan a un comportamiento `lacrimoso y espasmódico´ de sus adeptos. 
Su capacidad de estimular las pasiones funciona contra `el principio racional en el alma´.

 

En los Estados Unidos, la función civilizadora del arte recibe particular énfasis desde que sostuvo la promesa de inculcar virtudes sociales y la moral Anglo-Sajona en las hordas políglotas de inmigrantes.  Los museos en Estados Unidos fueron fundados en la segunda mitad del siglo XIX y para llenarlos, muchos millonarios norteamericanos gastaron cantidades extravagantes de dinero trayendo arte desde Europa.  Creían que los museos unificarían y democratizarían la sociedad, acallando el temor provocado por las huelgas y las riñas entre trabajadores.  De hecho, el efecto fue que se reforzaron las fronteras entre las clases.

 

La creencia de que la exposición al alto arte es moralmente y espiritualmente benéfica es todavía muy poderosa.  Por supuesto, está de por medio el subsidio público para las artes; sinembargo, parece ser que que esta idea no está basada en evidencia alguna y que todos los esfuerzos que se han realizado para sustentarla en hechos han sido infructuosos.

 

Con respecto a las “Fotografías obsecnas” de Mapplethorpe, y la sociedad y momento político en los cuales se suscitó la controversia, podría inferirse que si no ha sido posible comprobar que el arte haga mejores personas, tampoco habría razón para asegurar que las haga peores.

 

Desde luego, si lo que se va a discutir es que tal o cual arte sea moral o inmoral; o bien, que tal o cual expresión o manifestación cultural sea arte o no lo sea, me referire a esta frase de Oscar Wilde:  “La moralidad, como el arte, significa trazar una línea en algun lugar”.

 

El arte no tiene limites (o no debería tenerlos); muy por el contrario, lo que  tiene es justamente la particularidad o la virtud de forzar y empujar los límites o las líneas que algo o alguien se atreva a marcar. Por lo tanto, en el supuesto caso de que la moralidad los tuviese,  resultaría ser irrelevante ceñir o restringir el arte  a límites previamente establecidos que la definan.

 

Comentario sobre "El gran vidrio" de Marcel Duchamp

 

Comentario sobre “El gran vidrio” de Marcel Duchamp.

 

 

“La maquinaria de Duchamp solo funciona cuando se aceita con el humor.”.

 

                                                            JEAN SUQUET (Crítico de arte).

 

 

 

La Mariée mise à nu par ses célibataires, même…, una frase tan rara, ambigua, desconcertante y provocadora como la pieza que lleva su nombre:  La Novia puesta al desnudo por sus solteros…aún.

 

No hablaré de todos los elementos de la pieza, pero sí de los que más me han intrigado.  La primera vez que ví esta obra, y cuando supe su nombre, me intrigó la palabra aún, even o même.  Hasta antes de ese adverbio, no hubiera habido demasiado problema, pero…..esa pequeña partícula impide hacer cualquier lectura literal.

 

Otra cosa que me intriga es el pronombre posesivo sus.  Sugiere que los solteros son de ella.  En un inicio, el título me hizo pensar en algo así como un acoso sexual de varios machos hacia una hembra, pero ese pronombre me sugiere también un harem masculino, de unos machos serviles e inferiores (hasta por su ubicación en el espacio) a su amante.  Me parece que todos los demás elementos, están supeditados a este idea central: la pieza se trata de la maquinaria del deseo sexual.  La Novia está ahí como una apoteosis de virginidad…aún, pero aunque parezca ingenua a inocente, tiene un toque de malicia.  Esta novia claramente sabe de qué va la vida, y en vez de ser un blanco y frío témpano de hielo, gentil y cálidamente rechaza los bruscos ofrecimientos de los solteros.  De hecho, no los rechaza del todo, sino que más bien utiliza su lujuria para su futuro e intenso deseo por el orgasmo.

 

Todo esto ni siquiera se sospecha solo con mirar el vidrio, pero hay unas notas contenidas en una Caja verde, gracias a las cuales podemos seguir las etapas del encuentro erótico, que no se parece a nada ni en la literatura ni en el arte.  El Gran vidrio es como un aparato, y la Caja verde es como el manual de operación.  Estas notas constituyen una dimensión verbal de una obra que es tan verbal como visual, realizada por un artista que desdeña las palabras como forma de comunicación pero que estaba fascinado por su función en otro ámbito: la poesía.

 

El Gran Vidrio permanece aislado e inimitable.  Ha sido llamado de todo, desde obra maestra hasta broma maliciosa pero hasta la fecha, no hay estándares bajo los cuales pueda ser juzgado.  Duchamp inventó  una nueva física para explicar sus “leyes”, y unas nuevas matemáticas para acomodar las unidades de sus medidas.  Algunas de las notas de la Caja verde son sencillamente imposibles de entender.  Muchas ideas expresadas en ellas nunca fueron plasmadas en el Vidrio; ya sea por los problemas técnicos que presentaban o simplemente porque como alguna vez dijo Duchamp, después de ocho años de trabajar en el proyecto, simpemente se aburrió y perdió el interés.  Dejó de trabajar en el Vidrio en 1923, dejándolo, en sus porpias palabras, “definitivamente terminado”.

 

Se ha argumentado mucho acerca de que la influencia de Duchamp es casi destructiva, porque al abrir la caja de Pandora se han roto las barreras entre el arte y la vida, dicen sus adversarios.  Duchamp soltó los demonios que han barrido con la calidad estética y abierto la puerta a la auto-indulgencia sin límite, el cinismo y la charlatanería en las artes visuales.  Hay algo de verdad en eso.  Sin embargo, llamar a Ducham destructivo es erróneo.  Lo que a él le interesaba por encima de todo era la libertad; completa libertad personal, intelectual y artística; y la manera en que él logró estas tres fue, en la opinión de sus amigos cercanos, su más impresionante y perdurable obra de arte. Aproximarse a la obra de Duchamp libera a la mente para que ésta pueda actuar por sí misma.

 

 

DULCE MARIA RIVAS

lunes, 2 de febrero de 2009

El Arte, tan elusivo como el último aliento


 

El Arte, tan elusivo como el último aliento

Pas pu saisir la mort de Sophie Calle

 

DULCE MARIA RIVAS

                                  

 

Pas Pu Saisir la Mort 2007 ("El último aliento, imposible de capturar")

Video DVD 13'

 

Artista: Sophie Calle

Nacida en 1953 en Paris, Francia

Trabaja y vive en Malakoff, Francia

 

 

 

 

 

 

Monique quería ver el mar una última vez.

El martes 31 de enero, fuimos a Cabourg.

La última jornada.

Al día siguiente, “para que mis piés se vean bien cuando me vaya”: el último pedicure.

Leyó “Ravel” por Jean Echenoz.  El último libro.

Un hombre al que siempre admiró pero que nunca había conocido vino a verla en su lecho.

Hacer un amigo por última vez.

Ella organizó la ceremonia de su funeral: su última fiesta.

Los preparativos finales: eligió su vestido para el funeral, - azul marino con un estampado en blanco-, una fotografía de ella haciendo una cara para la lápida de su tumba, y su epitafio,

“¡Ya me estoy empezando a aburrir!”

Escribió un último poema, para su entierro.

Eligió el cementerio de Montparnasse como su último domicilio.

No quería morir.  Decía que era la primera vez en su vida que no le importaba esperar.

Derramó sus últimas lágrimas.

Los días anteriores a su muerte, repetía continuamente:

“Es extraño. Es estúpido.”

Escuchó el “Concierto para Clarinete en La mayor, K 622.”

Por última vez.

Su último deseo:  partir con la música de Mozart en sus oídos.

Su última petición:  que no nos preocupáramos.

Ne vous faites pas de souci.”

Soucie fue su última palabra.

El 15 de marzo de 2006 a las 3 PM, la última sonrisa.

El último aliento, en algun momento entre las 3:02 y las 3:13.

Imposible de capturar.[1]

 

El “arte actual”, o mejor dicho, el concepto que se tiene de “arte” en la “actualidad” puede ser provocador, diferente y cuestionable, tan desconcertante y apasionante como la vida misma, pero ¿podrá  el arte ser capaz de encontrar maneras simples de resolver conflictos complejos tales como la ausencia, ese algo intangible que queda  después de la muerte, después de exhalar el último aliento?

“Arte” es un concepto inasible, podría ser todo lo que se diga de él, o podría ser nada.  Su misma existencia ha sido puesta en duda en la actualidad; pero este ensayo, más que pretender ahondar en el significado del término en sí, o en las definiciones que se tengan del mismo, procura hacer una serie de reflexiones acerca de lo que a través del arte se puede lograr, así como en el significado que adquiere otro elusivo concepto, la muerte, cuando es contemplado desde la perspectiva del “arte”.   Si la muerte puede adquirir significado a través del arte, es necesario que antes lo adquiera la vida: la vida como arte, para intentar con el arte, capturar la muerte.

 

La “actualidad” es un rango de tiempo en el que se puede sustentar teóricamente cualquier idea propuesta, al menos de manera provisional, por un cierto período de tiempo, el cual termina cuando una teoría ya no es aplicable.  Estas teorías pasan a ser clasificadas como tradicionales y para entonces, la llamada “actualidad” habrá dejado de serlo.  Aparecerá entonces una postura teórica distinta a la que le antecede y a la que se denominará no tradicional; es decir: “actual”.

Bajo esta premisa, tomaré una pieza de arte actual, tan actual que aborda un tema humano, cotidiano e inevitable y lo presenta no de manera tradicional, sino como una instalación, utilizando como soporte el video.

Al mismo tiempo que representaba a Francia en el Pabellón Francés en la Bienal de Venecia 2007, Sophie Calle también exhibía su último proyecto Pas Pu Saisir la Mort (El último aliento, imposible de capturar) en el Pabellón Italiano. 

Bajo todas las apariencias, el trabajo de Sophie Calle es primordialmente autobiográfico, pero en su mayor parte y casi siempre, se inmiscuye en la vida de los otros, incluyendo la nuestra.

Una de las dos salas de la instalación, alberga un texto mural mencionando que el 15 de febrero de 2006, la artista recibió dos llamadas simultáneas: una era la invitación a la Bienal, la otra de su madre diciéndole que le quedaba un mes de vida.  Ya en la instalación, como espectadores, nos mostramos reticentes ante la simple y fuertemente cargada descripción tanto de las últimas horas de la madre de Calle, como de sus temores, que quedan expuestos y totalmente abiertos a la empatía.  El Concierto para Clarinete en La Mayor de Mozart acompaña las últimas respiraciones de Madame Calle quien se encuentra rodeada de asistencia médica.  En la publicación de junio de 2005, de la revista ArtReview, Brian Dillon cita a Sophie Calle:  Yo quería estar allí cuando muriera, pero todos me decían:  se irá cuando salgas de la habitación, cuando vayas a la cocina con tu taza en la mano.  Así que coloqué una cámara en su cuarto, y durante 80 horas permanecí despierta, cambiando la cinta cada hora, esperando capturar el momento de su muerte.  Fue imposible.  No pude distinguir el momento.  Cuando le dije a mi madre lo de Venecia, me dijo:  ‘y pensar que no estaré.’  Pero estará:  mi filmación muestra los últimos 20 minutos de su vida.  Se titula ‘No pude capturar la muerte’. ”

La pieza, en varios sentidos, trata y tiene que ver con lo sublime, lo espiritual lo aterrorizante y lo desconocido y utiliza un símbolo: el del último aliento.  Pero, ¿qué es el aliento? ¿Es sólo aire, exhalación o es algo más? Es invisible, pero es un signo de vida. Y el último aliento, ese último hálito de vida, ¿es acaso el alma que se va? ¿Por qué una película de una mujer que se muere se presenta en un evento como éste? ¿Por qué un video y no una pintura, o en todo caso una escultura realizada a partir, por ejemplo, de una máscara mortuoria? Ante una sociedad dominada por el nihilismo, el tema del alma es de una acuciante actualidad.  En nuestra cultura occidental una persona que yace en el lecho con el rostro inerte y lívido, los ojos cerrados, rodeada de médicos y enfermeras y flores en primer plano, significa que está muerta.  Visualmente, cada uno de estos elementos son símbolos, con uno o múltiples significados, de los que el artista se sirve para que su obra sea leída.

Para discutir la existencia del símbolo ya sea como único o como múltiples sentidos/significados en el campo de la lectura de la obra de arte será necesario abordar, desde nuestra actualidad, estas dos posturas: la tradicional (que tuvo su vigencia durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX), y la no tradicional (segunda mitad del siglo XX a la fecha).

Heredada del movimiento romántico de principios del siglo XIX, en el cual la estética era un valor preponderante, es la idea de que el arte, para ser válido, debe ser bello y por lo tanto, ostentar un único significado, radicado exclusivamente en el campo de la visibilidad.  Adoptar esta postura tiene como consecuencia que el arte en general, o la obra en particular se circunsdriba o se enfrasque dentro de un “espacio asfixiante”[2] determinado por juicios estéticos y axiológicos, teniendo a “La Belleza” como valor único, universal, atemporal y eterno.

Como reflejo de este pensamiento excluyente, tradicional y limitante se observa lo siguiente: el juicio, análisis, lectura y finalmente la valoración de la obra de arte, se dan en un único sentido, atendiendo sólo a su contenido manifiesto; es decir, a lo que el campo de la visibilidad alcanza a mostrar ya sea por medio de las formas, los colores, los materiales y la técnica, que deberán estar correctamente aplicados, respetando siempre los cánones de la belleza aceptados por la sociedad burguesa.  Debido a esta “unicidad” se pasan por alto los posibles contenidos latentes dentro de la obra, que son los que no se ven, los que están ahí como posibilidades, como propuestas para ser pensadas y que corren el riesgo de ser obnubiladas por ideales como el de “belleza”. Esto conlleva a menospreciar la importancia de los avances teórico-metodológicos aportados por los diferentes campos del conocimiento, a no tener que pensar el arte, sino solo verlo, negando así la necesidad de retroalimentarse de otras esferas del saber.

Una postura tradicional como la descrita anteriormente, no admite ni toma en cuenta el tiempo, no se posiciona en él; es atemporal y ahistórica, no da importancia alguna al contexto histórico y social, o al conjunto de funciones mentales del individuo, ya que según Barthes, esta postura “[…..] trata de defender una especificidad puramente estética: quiere proteger en la obra un valor absoluto, indemne a cualquiera de esos “otros lados” despreciables que son la historia o los bajos fondos de la psiquis [….]” [3].  Esta forma de pensamiento, que evita todo compromiso con el mundo y que no quiere otra cosa, sino una obra “pura”, irá a parar inevitablemente en el silencio, o en su sustituto: la charla;  una amable conversación [4] en la que no se discute, no se cuestiona, no se adquieren nuevos conocimientos y por ende no se considera la posibilidad de nuevos significados.

En contraposición a lo anterior, en la segunda mitad del siglo XX, ocurre una ruptura epistemológica en el campo del saber: Jackes Derrida habla de que la verdad se desplaza, que no permanece, sino que se disemina.  Nietzche y Heidegger citan y estudian a artistas para llegar a un nuevo conocimiento, ya que ni la filosofía ni ninguna otra ciencia tienen “la verdad”, sino solo aproximaciones.  Se dan cuenta de que hay otras verdades y se proclama la anulación o “muerte de la verdad”. En el campo de las artes, se produce un efecto que se refleja precisamente en la lectura, ya que así como la verdad  se desliza, se mueve, migra hacia otros ámbitos, así también el significado se fragmenta, y las fronteras del arte se desvanecen.

Acerca del símbolo Barthes enuncia que: “El símbolo es constante. Sólo pueden variar la conciencia que la sociedad tiene de él y los derechos que le concede” [5]. Trasladando esta a idea al ámbito artístico: un fragmento de la obra lo tenemos por la visibilidad y el resto lo debemos completar con nuestro saber; éste,  obtenido por la experimentación, el estudio y el ejercicio del pensamiento. Preguntando a una amiga su impresión al mirar un still del video que nos ocupa, sin tener previa información sobre la obra comentó: “Quizá duerme, tal vez fallece.  Probablemente disfruta de su último suspiro y muere tranquilamente, sin ningún sufrimiento ni culpa en su rostro; es el rostro de alguien que se va, o se fue, sin asuntos pendientes.  El que sea una anciana le da un sentido de naturalidad a la muerte.  El hecho de que no haya aparatos ni tubos ni daños físicos evidentes, me hace pensar que no fue una partida dolorosa.  No está en una cama de hospital…mas bien parece que está en su propia habitación.  Tal vez fue premiada con lo que llamamos “la muerte de los justos”; esa que viene de noche; laa que, mientras se está durmiendo, sin aviso y sin dolor  nos roba el aliento, nos arranca de la vida y todo se detiene.  Nuestra existencia, al menos la terrenal….termina.”

El sentido de la obra deja entonces de ser único, y Roland Barthes, como anotamos anteriormente habla de que la obra tiene muchos sentidos[6] y reflexiona sobre la variedad de lecturas capaces de producirse a partir de una misma obra[7].  Desde esta postura no tradicional se defiende la ontología de lo múltiple (Gaston Bachelard), que consiste en el estudio del ser y la idea de que el “ser” no es “único”.  El devenir del tiempo, de la historia, y por ende del hombre conducirán a Barthes a concluir que: “Cada época puede creer, en efecto, que detenta el sentido canónico de la obra, pero basta ampliar un poco la historia para transformar ese sentido singular en un sentido plural y la obra cerrada en obra abierta.” [8]

A partir de este momento, y como la verdad ya no está fija en un lugar, es posible  producir arte desde cualquier área del conocimiento; no sólo desde la estética, sino desde la antropología, la biología, la semiótica, construyendo un discurso el cual también será leído desde diferentes esferas del saber. Los posibles contenidos latentes de la obra de arte adquieren gran preponderancia, ya que a este ámbito corresponde lo que no se dice, y por lo tanto se vuelve necesario pensar el arte, convirtiéndose éste en un reto para el intelecto.  Sophie Calle, en su actividad artística pone en práctica precisamente esta manera de hacerlo.  Como puede apreciarse en toda su obra, justamente hace uso de distintas esferas del saber, involucrando en ocasiones a especialistas, como podemos apreciar en la pieza presentada en el Pabellón de Francia Take care of yourself, prenez soin de vous, cuídate mucho.

Se advierte que, en el campo de la lectura de la obra de arte, la multiplicidad y coexistencia de significados está determinada por el contexto cultural, económico y social. Al ver y pensar la obra, estamos entrelazando determinismos de nuestro contexto sociocultural, información, conocimientos, imaginación, cultura, género, edad, profesión, religión, preferencia sexual, clase social, etc., cuyo efecto debe ser considerado.

Una vez analizadas las dos posturas anteriores, se concluye que: no existe un significado en sí, y si alguna vez existió, este pensamiento no prevalece más y no puede seguir sustentándose con teorías tradicionales basadas en un sentido único basado en la estética y en el ideal de “belleza” y “verdad”.  En adelante se advierte que lo que existe son múltiples significados que no van a estar dados en la obra, sino que parten del campo de los conocimientos, de las ideas, de la inteligibilidad; que están supeditados al tiempo y que cambian según el contexto histórico y social y al saber de una determinada época.

 

La definición misma de la obra cambia: ya no es un hecho histórico; pasa a ser un hecho antropológico puesto que ninguna historia lo agota.  La variedad de los sentidos no proviene pues de un punto de vista relativista de las costumbres humanas; designa, no una inclinación de la sociedad al error, sino una disposición de la obra a la apertura; la obra detenta al mismo tiempo muchos sentidos, por estructura, no por la invalidez de aquellos que la leen. [9]

 

Es importante apuntar que no existe tampoco un significado totalizador.  Siempre habrá algo en la obra de arte que se nos va a escapar y que hará posible que venga otro y la resignifique.  La lectura de una obra de arte no agota la descripción; siempre quedará un “resto” fuera de alcance, y como dice Barthes: “[…] sea lo que piensen o decreten las sociedades, la obra las sobrepasa, las atraviesa, a la manera de una forma que viene a llenar, uno tras otro, los sentidos más o menos contingentes, históricos.” [10]

Esta pieza de Sophie Calle realizada específicamente para la Bienal de Venecia, definitivamente no significaría lo mismo ubicada en un contexto de galería o de museo. Es el mismo video, de la misma persona y el mismo tema; sin embargo no sería el mismo momento, ni el mismo lugar, ni la misma tensión.

Volviendo al tema de la obra, hay conflictos grandes a los que se enfrenta el ser humano:  la ausencia, la imposibilidad de atrapar la muerte, de capturar “el último aliento”.  La muerte y la posibilidad de que haya algo después es un problema, es un conflicto, es una idea que se aborda de diferente manera en las distintas sociedades y culturas; y es un concepto elusivo como muchos otros; entre ellos el arte.

 

Para los platónicos todo parecía fácil: tenemos un alma inmortal que ha sido arrojada en un malvado cuerpo del que costosamente debe liberarse.

 

Para los modernos todo parece fácil: nada de un inexistente alma, todo lo nuestro es cuestión de materia o, al menos, lo que fuere que seamos debe poderse naturalizar, o por la reducción de todo a cosa material o por la emergencia evolutiva de esa novedad que llaman espiritual.

 

Pero ¿son tan fáciles las cosas? Es muy posible que no.  Demasiado es lo que apunta a que no. ¿Queda un camino racional para, refiriéndose a eso que somos, a la realidad de lo que somos, poder de nuevo hablar del alma?  Parecería que sí, y nos falta mucho por recorrer en ese camino de racionalidad. [11]

 

El vocablo alma ha sido usado de nuevo por varios autores contemporáneos (Jaspers, Scheler, Ortega y Gasset) en un sentido distinto de cualquiera de los tradicionales. Tales autores han distinguido entre la vida, el alma y el espíritu. Mientras el alma es concebida como la sede de los actos emotivos, de los afectos y sentimientos, el espíritu es definido como la sede de ciertos actos racionales. El alma es subjetividad, en tanto que el espíritu es objetividad. El alma es inmanencia, mientras que el espíritu es trascendencia.

Volvamos ahora a la inquietante tensión provocada por la obra de Sophie Calle.  Utilizando la metáfora del “juego social”, Pierre Bourdieu ilustra acertadamente la manera en que se comportan todos los elementos que conforman la sociedad, donde existen reglas y prohibiciones, se producen conflictos, relaciones de tensión, alianzas y concordatos y descubre que el arte no está exento de esto, que no juega el mismo rol en cada sector de la sociedad porque también está inmerso en este baño de determinismo que es el “juego social”, que el arte no hace mejores a los seres humanos (Hitler amaba la ópera, y sus generales escuchaban a Bach mientras ordenaban matanzas masivas de prisioneros judíos), sino que por el contrario, el arte es un producto donde se canalizan los conflictos, retroalimentando de manera diferente a los distintos tejidos sociales.  Hitler escuchaba a Bach mientras mataba; Madame Calle escuchaba a Mozart mientra moría. ¿Será posible entonces intentar resolver un conflicto como la muerte, con algo aún más conflictivo como el arte?

El aliento se va, sí. Desaparece.  Es el último y no se queda, no se puede atrapar. ¿Qué queda entonces?  El poeta español Antonio Machado decía que "la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos."

Tal vez no se resuelvan con el arte ni este ni otros conflictos, pero Sophie Calle los canaliza por el camino que lleva al consuelo.  No podía soportar la manera en que su novio terminó su relación con ella, por medio de un e-mail, diciéndole al final: “Cuídate mucho”.  No podía soportar tampoco la idea de que su madre no pudiese estar con ella en la inauguración de la Bienal; se murió y sus últimas palabras fueron: “Cuídate mucho”.  Ante estas experiencias aconteciendo en su vida, la alternativa que Sophie Calle eligió fue la del arte.  En realidad, la alternativa que ha encontrado para su vida entera, es la del arte y de vez en cuando, decide obsequiarnos fragmentos de ella para que nosotros, como espectadores, hagamos la experiencia nuestra y la completemos de acuerdo a nuestras necesidades y según nuestra propia y personal idiosincrasia.

Alfonso Pérez de Laborda en Sobre el alma, se apoya en los conceptos escritos por Voltaire y comenta que “no nos atrevemos a cuestionar si el alma inteligente es espíritu o materia; si fue creada antes que nosotros, si sale de la nada cuando nacemos; si después de habernos animado un día en el mundo, vive, cuando nosotros morimos, en la eternidad. Esas cuestiones que parecen sublimes, sólo son cuestiones de ciegos que preguntan a otros ciegos, ¿qué es la luz?[12]  ¿Cómo nos atrevemos a afirmar lo que es el alma? Sabemos con certidumbre que existimos, que sentimos y que pensamos. Deseamos ir más allá y caemos en un abismo de tinieblas. Sumergidos en ese abismo, todavía se apodera de nosotros la loca temeridad de disputar si el alma, de la que no tenemos la menor idea, se creó antes que nosotros o al mismo tiempo que nosotros, y si es perecedera o inmortal.” [13]  La palabra alma entre nosotros en su significado general, sirve para denotar lo que anima.   Los griegos distinguían tres clases de alma: el alma sensitiva o el alma de los sentidos; el soplo o hálito que da vida y movimiento a toda máquina, y que nosotros traducimos por espíritu; y la tercera clase de alma, que como nosotros, llamaron inteligencia. Poseemos, pues, tres almas, sin tener la más ligera noción de ninguna de ellas. Santo Tomás de Aquino admite estas tres almas, como buen seguidor de la escuela de Aristóteles, y distingue cada una de ellas en tres partes: una está en el pecho, otra en todo el cuerpo y la tercera en la cabeza.

Hay, sin embargo, motivo para este caos de ideas. Los hombres conocieron que cuando les excitaban las pasiones del amor, de la cólera o del miedo, sentían ciertos movimientos en las entrañas. El hígado y el corazón fueron asignados como asiento de las pasiones. Cuando se medita profundamente, sentimos cierta opresión en los órganos de la cabeza, luego el alma intelectual está en el cerebro. Sin respirar no es posible la vegetación y la vida; luego el alma vegetativa está en el pecho, que recibe el soplo del aire.” [14]

Por el arte, una cosa de algun modo vive. Por el arte, una misma cosa puede verse y pensarse diferente; como si tuviera alma.  Y ésta, ¿de dónde proviene?  Un poco de quien la crea como arte y otro tanto de quien la acepta como tal.  Sería como un regalo.  Un objeto está ahí….alguien lo elige y piensa en dártelo (le pone un poco de su alma)….y te lo regala (incluido su trozo de alma)…. tú lo aceptas (y ya tiene un poco de su alma y algo de la tuya)….y se convierte en un objeto especial para ti. Por medio de ese objeto se ha logrado establecer un lazo entre tú y quien te lo ha dado.  Por lo tanto, ese objeto no es como cualquier otro; significa algo, al menos para ti…

Un artista piensa en ofrecer algo para el resto de sus semejantes; para quien esté dispuesto a quererlo, para quien esté dispuesto a aceptarlo y a agregarle una gota de alma a ese “hálito de vida” que le ha insuflado el artista.  Aún tratándose del objeto más simple, tiene algo de alguien, y algo de nosotros mismos, y eso le quita lo simple, eso lo completa o lo complica, pero lo vuelve importante.  Para producir arte, alguien tiene que pensar en qué regalar, a quién regalarlo y lo que le quiere dar a entender con el obsequio.  Si el regalo es atractivo, interesante, pertinente o provocador, o ambiguo e intrigante, el regalo podría ser aceptado.  Una vez que es aceptado (independientemente de que guste o no), el arte se habrá producido gracias a esos elementos intangibles que son: un poco del alma del artista mas un poco del alma nuestra. El acto artístico ha ocurrido; uno distinto para cada espectador. No sabemos qué es el alma, no sabemos si se va con el último aliento.  No sabemos tampoco a dónde se va o dónde se queda. Pero sí podemos sentir el contacto del alma de otros con la nuestra, sobre todo mientras viven.  Sinembargo, cuando mueren, la sensación permanece y el contacto no se pierde. Es como el momento artístico que he descrito antes: una vez que ocurre, ya no hay marcha atrás.  El arte ha sucedido, ha ocurrido. Y el objeto ya no importa tanto.  Podría romperse o deshacerse y desaparecer, como una obra de arte efímero o como el cuerpo de alguien que se muere… o como la imagen en una pantalla que se apaga.  Y ya no importa, porque el arte tiene ese poder: el de permanecer, como el alma, en una dimensión que aún no hemos podido comprender.  El hombre es capaz de hacer arte; más que crearlo, de infundirlo.  De infundirlo en sus actos, o de infundirlo en las cosas; ya sean hechas por él mismo o por otros.  Y como es infundido, el arte se parece al alma… por eso podríamos pensar que se queda.

            Pero…¿no será, que en realidad lo que intentamos es aferrarnos a la idea del alma y a la idea del arte dándole un sentido que forzosamente nos conduzca a un remanso donde, ante la terrible insensibilidad que persiste en el mundo, podamos recuperar el aliento?

Ha sido común analizar el arte como un fenómeno cuya inteligibilidad está dada únicamente por el estudio de sus elementos formales. Una corriente más reciente piensa que el contexto social y psicológico en que se desenvuelve el arte es esencial para comprenderlo.  La postura actual, en contraste a la tradicional, rechaza las nociones de la unicidad, de la propia invención del ‘yo’ y de la interioridad y se apoya en un modelo propuesto por Lacant que más bien describe al ‘yo’ como un calidoscopio; es decir, una colección de superficies que reflejan y son coloreadas por el entorno.  El entorno actual es de una enorme fatiga y pasividad; es la manifestación cultural de una extraña debilidad de cada persona para afirmar su relación con la realidad, en sus expresiones cotidianas. La discípula de Ortega y Gasset – María Zambrano- escribe en su libro Hacia un saber del alma, que “lo que está en crisis es este misterioso nexo que une nuestro ser con la realidad, algo tan profundo y fundamental, que es nuestro íntimo sustento”. [15]

Y al respecto, Pérez de Laborda hace la siguiente reflexión:

“El hombre es un ser espiritual sui generis porque está constituido de tal manera que no se sustenta cerradamente sobre sí mismo sino que descansa y se renueva en el contacto con la realidad, en su reconocimiento racional y amoroso.  Cuando ese contacto racional y amoroso entra en crisis se tambalea la vida personal y, como consecuencia, la vida social.  El hombre es un ser de tal índole que su intimidad más propia, que es espiritual, necesita de la realidad externa a él, aquello que más fácilmente decribiríamos como material.  Si se desvanece la realidad (nihilismo) ya sea por la violencia física del terror o por la violencia espiritual que es la censura, aplicada como un corte entre la provocación de lo real y el sujeto, éste se paraliza no sólo en el conocimiento y dominio de la realidad material, sino en el conocimiento de sí mismo, y la sociedad lo acusa en un agotamiento que la lleva a su decadencia”. [16]

En el entorno y momento actuales, los humanos evadimos pensar, evitamos reflexionar, sobre todo cuando nos enfrentamos a problemas como la muerte y lo que posiblemente haya después.  Frente a esta pieza de Sophie Calle, pueden suceder dos cosas: la empatía, que nos lleva a experimentar un sentimiento personal provocado por la obra y que tendrá matices diferentes en cada persona; o la apatía, que nos coloca en una situación ajena a la obra alejándonos de ella y poniéndonos en posición de juzgar, de analizar, de criticar o incluso de descalificar.  Es común que el hombre vea la muerte siempre ajena, lejana.  Sabe que es una realidad de la que prefiere separarse, y separado así de la realidad y su significado no se siente en deuda de razón y amor con nadie, pareciéndole que de ese modo se libera de todo vínculo y garantiza su poder.  Pero un sujeto separado así de la realidad no se hace más seguro y poderoso sino que, al contrario, se vuelve más vulnerable, más frágil, más inseguro, enfatizando el ocio y la diversión como evasión de la realidad, pero sobre todo evasión de sí mismo.  Ni el asombro, ni tan siquiera la insatisfacción o el dolor ante la realidad, logran reabrir la pregunta humana por el destino de la vida y por su felicidad, y en este obstinado oscurecimiento de la experiencia humana se encuentra la raíz de la debilidad del yo y de la fatiga de la sociedad.  Al final, el problema de la vida se acaba encomendando a la suerte, en el colmo de un azar que linda con la arbitrariedad y nos deja totalmente desamparados; es decir, ser feliz es tener suerte, y nada más.

Un artista es artista para siempre.  No se puede ser artista un día y despertar al día siguiente y ya no serlo.  El ser artista es una justificación, una invención, pero también un compromiso.  Uno de los aspectos más satisfactorios para el ser humano es la percepción de que una tarea en la vida es definitiva, es para siempre; y esta exigencia de definitividad, de inmortalidad y de eternidad ha sido atribuida siempre al alma humana.  De ahí que cualquier artista, y en este caso Sophie Calle, esté completamente comprometida con el arte, comprometida con la vida y que las obras que presente, tengan que ver con el arte, aún de manera no tradicional.

¿Por qué comprometerse así?  ¿Por qué convirtió sus actividades cotidianas en acciones artísticas?  Fue en parte por el casual contacto con alguien relacionado con el mundo del arte.  Tal vez también el deseo, muy propio de nuestra época, de irrumpir en el terreno de la fama.  Pero es muy posible que en el camino, ella y otros, artistas o no, en un afán por no separarnos completamente de la realidad, hayamos descubierto que existe algo misterioso capaz de mantener nuestro espíritu ligado a ella, a esa realidad material sin la cual, aunque no llegáramos a desearnos la muerte, todo resultaría insípido y decepcionante.  A ese “algo”, sea lo que sea, sin necesidad de que esté teorizado o expresado en un sistema mental - porque puede estar implícito en una banal práctica de la vida - le dedica el hombre toda su devoción.  A través de ese algo, la razón y la libertad humanas se pueden ejercer para hacer contacto con la realidad.  Ese algo es como un puente, un pretexto, un motivo al que hemos llamado “arte”.

La pieza de Sophie Calle puede hablarnos de esperanza, de amor por la vida, de deseos de felicidad, de afirmación del yo, de relación con la realidad. Pero también podría hablarnos de debilidad, de negación de sí mismo, de la suerte, de casualidad, de coincidencias, del azar, de temor a la realidad al no poder dominarla, de nihilismo, de terror, de miedo.

Si Pas pu saisir la morte nos habla de todo esto y también de pérdida, de desamparo, de fatalidad, pesimismo y desesperanza y no nos causa asombro, es porque sabemos que  el mundo, como el arte, no pueden ser pensados como algo fijo o estático, sino como continuamente fluyentes al ritmo cadencioso del devenir del tiempo. 

Como parte de un determinado contexto histórico, nuestra visión del mundo y del arte será siempre parcial y contingente; y los sentidos que construyamos alrededor o acerca de la obra, no serán válidos para siempre….

 

DULCE MARIA RIVAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes de consulta

 

Barthes, Roland, Crítica y verdad, 14ª Ed., Trad. José Blanco, México, Siglo XXI Editores,

2000, pp. 38-53.

 

Barthes, Roland, Joseph Beuys, et. al., Participation, Documents of Contemporary Art, Whitechapel, London & The MIT Press, editado por Claire Bishop, Massachusetts, 2006.

 

Bourdieu, Pierre, La Distinción. Criterios y bases sociales del gusto, tr. Ma. del Carmen Ruiz de Elvira, 2ª ed., Taurus, Madrid, 2000, 95 pp.

 

Marsilio, 52 Esposizione Internazionale d´Arte. Think with the senses, feel with the mind, Fondazione La Biennale di Venezia, 2007.

 

Pérez de Laborda, Alfonso,(ed.), Sobre el Alma, El Escorial 2004, Publicaciones de la Facultad de Teología “San Dámaso”, 2005 Madrid, pp. 9-58

 

Voltaire, Diccionario filosófico (1764), Sempere, Valencia 1901, tomo I, pp. 84-89, http://www.e-torredebabel.com/Biblioteca/Voltaire/alma-Diccionario-Filosofico.htm, consultado en junio 2008.

 


[1] Marsilio, 52 Esposizione Internazionale d´Arte. Think with the senses, feel with the mind, Fondazione La Biennale di Venezia, 2007, p. 54.

[2] Roland Barthes, Crítica y verdad, 14ª Ed., Trad. José Blanco, México, Siglo XXI Editores, 2000, p. 52.

 

[3] Roland Barthes, Crítica y verdad, 14ª Ed., Trad. José Blanco, México, Siglo XXI Editores, 2000,  p. 38.

[4] Ibíd., pp. 38, 39

[5] Ibíd., p.53.

 

[6] Roland Barthes, Crítica y verdad, 14ª Ed., Trad. José Blanco, México, Siglo XXI Editores, 2000, p.52.

[7] Ibíd., p. 51.

[8] Ibíd., p. 52.

[9] Roland Barthes, Crítica y verdad, 14ª Ed., Trad. José Blanco, México, Siglo XXI Editores, 2000,  p. 52.

[10] Ibíd., p. 53.

[11] Alfonso Pérez de Laborda (ed.), Sobre el Alma, El Escorial 2004, Publicaciones de la Facultad de Teología “San Dámaso”, 2005 Madrid, pp. 11-12

[12] Voltaire, Diccionario filosófico (1764), Sempere, Valencia 1901, tomo I, p.86

 

[13] Voltaire, Diccionario filosófico (1764), Sempere, Valencia 1901, tomo I, p. 87

[14] Ibíd., p. 88.

[15] María Zambrano, Hacia un saber del alma, Madrid, 2001, p. 104, citado en Alfonso Pérez de Laborda (ed.), Sobre el Alma, El Escorial 2004, Publicaciones de la Facultad de Teología “San Dámaso”, 2005 Madrid, p. 21.

[16] Alfonso Pérez de Laborda (ed.), Sobre el Alma, El Escorial 2004, Publicaciones de la Facultad de Teología “San Dámaso”, 2005 Madrid, pp. 21.