GABRIEL OROZCO
Un problema de tiempo
A pesar de la opinión de muchos, muy poco se puede agregar a lo que Gabriel Orozco dice cuando habla de arte, y en especial de su obra. Casi nunca habla primero. Sus intervenciones son después de que es interpelado. Espera siempre a escuchar lo que otros tienen que decir y después ….declara lo que nadie había esperado. Sorprende con la claridad de sus respuestas, producto de su brillante inteligencia. Su obra es un reflejo de sus procesos mentales, tan poética la una como los otros. Del mismo modo, su gran facilidad para estructurar conceptos y establecer relaciones, queda evidenciada en su trabajo.
Sería difícil encontrar a alguien que no entendiera la obra de Orozco; podrán cuestionarla, criticarla (por lo simple que es), pero decir que no se entiende, no…por lo simple que es. Tal vez lo que muchos podrían preguntarse sería: ¿cómo algo tan simple puede pretender ser arte?
Y es que las técnicas que utiliza no son ni la pintura, ni la escultura; es más, ni la fotografía. Su materia prima es intangible, casi metafísica. Tal vez la respuesta a esa simple pregunta sobre lo simple, sea que en la creación de sus piezas, echa mano de cosas al parecer muy simples, de las que todos los seres humanos tenemos noción: la memoria, el olvido y el tiempo. Estos tres elementos juntos, manipulados por él, dan como resultado – al menos para mí – experiencias que rayan en lo sublime.

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